viernes, 3 de octubre de 2008

LOS ABUELOS LO CONTARON

“Mitos y Leyendas del Pacífico Sur Colombiano”

LOS ANTIGUO NUEVOS CANTOS DE LA MANGLERIA.

Este texto de los investigadores Martha Clemencia Arboleda Ortiz y Julio Cesar Montaño Montenegro, es una invitación elegante, a reflexionar sobre el poder de la memoria de los ancestros. A través de la ardua compilación de mitos y leyendas contadas por los abuelos afrocolombianos en la costa Pacífica nariñense, se crea la inmensa dimensión de territorialidad que les acompaña desde siempre, se trata de un mensaje del pasado para el futuro, condensado en un presente permanente y a la vez inquieta la posibilidad de perder los testimonios de una cultura en el evento de no volverse a contar día a día, noche anoche.

Dice el narrador de Palenque don Pedro Salgado: “Mi pueblo está perdiendo su lengua la lengua de aquí nosotros la estamos perdiendo: por gusto, hombre, porque dizque es muy maluca: dicen ellos que la lengua dizque es muy maluca” (Friedemann Nina S. De. Cross Richard, Palenque, 1.979)

La complejidad que exhiben los textos narrados: por el tiempo referido, los mundos inciertos, las normas contenidas, la violencia tierna de las recomendaciones, los poderes compartidos, las visiones trashumantes, los retos de enfrentar los espantos, los mapas que inducen a descubrir los lugares donde habitan estos seres, la sinergia de los pensamientos, todas estas descripciones de la narración conllevan amplias y profundas demostraciones de una cultura consolidada, en permanente desafío y resistencia.

Las huellas del mito y la leyenda como formas de memoria colectiva, historia oral o de ordenamiento social en comunidades ancestrales, hunde sus raíces en el desenvolvimiento de las civilizaciones. Quizás una primera referencia se remonta a un tratado chino de medicina escrito en el siglo I, que se refiere al legendario Shen Nung, redactado treinta siglos antes, en el cual se afirma “el cáñamo tomado en exceso hace ver monstruos, pero si se usa largo tiempo puede comunicar con los espíritus y aligerar el cuerpo”. Si bien es cierto, la referencia mencionada advierte la ingestión de sustancias psicoactivas, generalmente estas sustancias y variedades de vegetales se han relacionado permanentemente con la ceremonia y el ritual.

En las civilizaciones del medio oriente, Europa, África, América y Asia, la existencia del mito y la leyenda acompañada de ritualizaciones y ceremoniales, con participación colectiva de la comunidad, dirigida u orientada por sacerdotes shamanes y expertos en el manejo y control de tales expresiones, representa una de las practicas culturales de uso cotidiano.

Resulta una curiosidad literaria la mención, que narra en la novela épica de Homero, La Odisea (Titulo IX), cuando el héroe Ulises ingresa en el territorio de los Cíclopes y da de beber al gigante, del vino que lleva consigo como regalo que le hiciesen para el viaje, “un vino dulce y puro, bebida de dioses, no conocido en su palacio ni de siervos ni de esclavas, sino solo de él (Maron), de su esposa y dispensera. Cuando había de gustarme este rojo licor, dulce como la miel, mezclábanse a cada copa otras veinte de agua, y aún su perfume se trascendía en la crátera de tal suerte, que fuera difícil substraerse al deseo de probarlo”. El texto describe una de las tantas formulas secretas usadas por los expertos en el uso y manejo de sustancias, rituales y ceremonias, probablemente se trate del tebaico o el opio egipcio de uso frecuente en la época.

En Egipto, desde siempre señalada unilateralmente como cuna de la civilización occidental, concurre el testimonio del papiro de Ebers, el cual recomienda administrar adormidera para “evitar que los bebés griten fuerte”. Este tipo de ceremonias y rituales antiguos ha facilitado a través del tiempo la formación de comportamientos repetitivos que se normalizan con su uso cotidiano, de tal manera que en algún momento de la formación de las sociedades, las practicas se constituyen en normas, preceptos y códigos. La historia del derecho describe a través del tiempo la importancia de ciertas leyendas y mitos en la construcción de una norma. Antiguamente 2.200ª. De c. fue frecuente que la mujer en periodo de lactancia ingiera cerveza para aumentar la producción de leche para alimentar a su hijo. Esta practica cotidiana se traduce posteriormente en el código de Hammurabi para proteger a los bebedores de cerveza y manda ejecutar por inmersión a la taberna que rebaje la calidad de la bebida.

En América, durante el periodo temprano de presencia española, entre las comunidades aztecas y mayas el uso del cacao o chocolate en rituales y ceremonias tiene especial connotación, en tal medida que Hernán Cortes, se aficiona a su consumo, tratando de encontrar los mismos beneficios que adoptaban los Shamanes. Algunas de estas prácticas alrededor de las cuales se narraban hechos y situaciones excepcionales ocurridas en la comunidad, aún se repiten, pese a las dificultades creadas por situaciones obstinadas de cada sociedad en cada uno de sus momentos de la historia.

Hasta hace poco tiempo y únicamente, con la invasión de los medios masivos de comunicación (radio y televisión), se interrumpe una de las ceremonias ancestrales de narrar leyendas y cuentos antes del descanso nocturno, cuando reunidos ante la luz del fogón o de una vela, los ancianos de una familia, comentaban a los miembros menores, narraciones aparentemente fantásticas, que dejaban una moraleja ejemplarizante, era el momento en que la comunidad a través de sus mayores transmitía el conocimiento de normas y secretos para el correcto comportamiento, donde infundir temor, hacia parte de la ritualización de transmitir medidas preventivas, que a la vez advertían de las sanciones para quien transgreda la norma social en la comunidad y su relación con la naturaleza.

En las creencias religiosas más antiguas, la presencia del decálogo o la lista de recomendaciones para cumplir, como en el cristianismo los diez mandamientos, escritos precisamente para detener los excesos de una bacanal, o los mandamientos del Islam a través del Corán, tiene especial significación en las sociedades donde predomina la ley religiosa ante la norma oficial del Estado.

En procesos modernos de organización social, se admite la importancia de normas sociales impartidas por la costumbre, de hecho la figura del juez de paz o las instituciones que imparten justicia a través de la conciliación o la amigable composición, recurren permanentemente a normas de la costumbre de la localidad, con preferencia a las leyes codificadas, porque generalmente las personas que arbitran un conflicto o una queja entre partes, no siempre son abogados, por el contrario se trata de personas con un reconocimiento social por su ecuanimidad. Muchas de estas medidas de arbitraje y conciliación se basan en normas sociales ancestrales, emitidas y legitimadas por la comunidad que las produce y perfecciona con el paso del tiempo.

Es la cultura una de las manifestaciones humanas, de mayor arraigo entre los pueblos, a través de esta se trasmite una serie de fórmulas, normas y preceptos de obligatoria observancia entre los miembros identitarios de un grupo. Cuando el grupo humano ha estado sometido en el transcurso de su historia, a situaciones complejas de dependencia, sometimiento, exceso de resistencia ante atropellos de lesa humanidad, las comunidades a través de la cultura, guardan una serie de códigos que utiliza cada vez que se requiera identificar, comprender o anteponer una posición de grupo colectivo a lo individual. En la danza, la música, la expresión corporal, las practicas gastronómicas, el cortejo de la pareja, las relaciones de parentesco, los modismos, la cosmovisión, las tradiciones sobre el origen de la comunidad, los mitos, las leyendas y expresiones culturales, guardan códigos, formulas y normatividades, que se aprovechan cada vez que es necesario recordar a alguien, que es o ha sido miembro de un grupo, que se debe a la organización del grupo, que lo reconocen y es diverso respecto a los otros. En este sentido el mito y la leyenda como norma, cobran todo el sentido cultural y social porque permite la continuidad del grupo, la preservación de la memoria, y asumir con toda confianza actitudes frente al otro diverso.

Este tipo de elementos de organización social de las comunidades, cumplen la misión de: definir la pertenencia al grupo, crear una responsabilidad respecto al individuo y la sociedad que le rodea, definir obligaciones para el niño, el joven, adulto, mujer, ancianos, y las interrelaciones entre los mismos, previene el cometer actos indebidos frente a las obligaciones preestablecidas, en común acuerdo los miembros de un grupo saben con certeza de sus obligaciones y derechos, crea aun sistema de comunicación permanente en muchos casos únicamente comprensible entre los miembros de la comunidad, lo cual eleva estas costumbres a un rango de código. En el evento de transgredir la norma y soportar una sanción, el grupo se conmociona y busca en el médico tradicional o en el anciano, la solución con aprovechamiento de la sabiduría de los expertos y mayores, cuando el remedio es impertinente para solucionar los efectos de la sanción, entonces la comunidad adopta estos efectos como una “cosa juzgada”, es decir donde ya no hay más que hacer.

La aplicación de este procedimiento, deja entrever que estamos frente a una institución jurídica nativa contenida en la leyenda y en el mito Afrocolombiano del Pacífico sur, es decir, un derecho mayor, un establecimiento de derechos entre la comunidad, con unas instancias para resolver las situaciones y finalmente un régimen de sanciones, que castigarán de manera ejemplar a quien infrinja una norma o se exceda en la temeridad sobre asuntos normalizados de la comunidad que habita, es en este momento cuando el mito, la leyenda y las demás manifestaciones culturales de una comunidad, se constituyen en una norma y comportamiento social de rigurosa observancia, so pena de recibir sanciones en muchas ocasiones de efecto inexorablemente irreversible.

En la memoria recuperada de los mitos y las leyendas de la Manglería del Pacífico sur colombiano, habitan los seres eternos de ayer para el mañana, la voz del narrador-abuelo se hace palabra escrita, la décima se forma en alabao, el verso en arrullo y entre la oscuridad flamea una luz, la claridad del testimonio construido pacientemente en las ceremonias de ida y vuelta, de vida y muerte, luz y oscuridad, el vení vení. Como en el muntu.

Carlos Villarreal Moreno - San Juan de pasto, Abril del 2002.

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